jueves, 31 de marzo de 2016

VIVENCIAS EN TIERRA SANTA

VIDA DE LA PALABRA                             últimas semanas de marzo

Antes que nada, de nuevo, ¡feliz Pascua de Resurrección!: toda la octava se considera como si fuera el mismo día de Pascua.


Algunas de mis EXPERIENCIAS tratando de llevar a la vida diaria la Palabra de marzo («El Reino de Dios ha llegado a vosotros», Lc 11, 20) y la de febrero («Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré Yo», Is 66, 13):
0.-        Ya te conté hace casi 2 años las impresiones de mi primera peregrinación a Tierra Santa. La de este año también ha sido muy especial para los 37, (andaluces principalmente), que hemos participado: “Tras los pasos de Jesús” la titulamos (¡y así fue!) tomando el título del grupo que allí la prepara y
del magnífico librito-guía que nos dieron.
Queríamos que todo, ya desde los más remotos prolegómenos en la preparación y desarrollo, fuera conducido por Jesús en medio de nosotros, unidos por el amor recíproco.
Dos noches en Nazaret, dos en Belén y dos en Jerusalén.
Hemos regresado todos contentísimos, (con mucho sueño, eso sí), felices; y sintiéndonos verdadera familia entre todos, como así lo prueba el riquísimo intercambio de WhatsApp de estos días posteriores, compartiendo vivencias: verdadera, sencilla y profunda comunión de alma, reflejo del Resuctado. No somos los mismos.   

1.-        Casi como inicio de la peregrinación, fuimos a Caná (emoción indescriptible de todos los matrimonios al renovar entre sí su compromiso, sobre todo los 3 que cumplían bodas de plata), al Monte Tabor (donde celebramos la Misa ese primer día).
En Nazaret, cautivadora de nuevo hasta la conmoción la gruta de la Anunciación,
escapándonos allí (¡estábamos alojados en la residencia de unas monjitas casi en frente mismo!) en cuanto había un tiempo libre. La casa de José (y luego de toda la Sagrada Familia) también nos metió en el misterio de la sencillez cotidiana de 30 años, reflejo terreno (en lo sencillo) del amor eterno-infinito de la Trinidad; y una luz para mí, la fe de José: volvió a su propia casa con Jesús y con María después de los años en Egipto.
Muy especial fue esa noche (y luego otras en Jerusalén) la visita de las focolarinas y gente de la comunidad del lugar: verdaderos héroes viviendo el cristianismo en lugar no sólo tan adverso, sino donde los marginan y desprecian sistemáticamente. Nos quedó a todos ganas de ser aquí más firmes, sencillos y auténticos. Y la oración por la paz y por los cristianos perseguidos, ahora es más viva: tiene rostros, rostros amigos de hermanos.
El segundo día, Heptapegón (multiplicación de los panes y los peces; iglesia que intentaron quemar el pasado diciembre y todavía huele a humo). Al lado, lugar de la pesca milagrosa y primado de Pedro: “¿me amas, más que estos?”, le pregunta Jesús, pero ahí poníamos cada uno nuestro nombre. Misa en el Monte de la Bienaventuranzas (y compromiso de vivirlas, de “ir a por matrícula”, no conformarnos con el “aprobaíllo” de los 10 mandamientos). Cafarnaúm, travesía del lago de Genesaret (cantando entre lágrimas, fijándonos bien en la letra, “Tú has venido a la orilla”), y un montón de pajarillos que se posaron en la barcaza. Y luego Magdala, cuyas ruinas han sido descubiertas apenas hará 2 ó 3 años.
Sorpresa esa noche: visitamos unas excavaciones (no
abiertas al público) bajo la residencia donde nos alojábamos. Una vivienda-cueva del s. I y la “tumba del Justo” (¿quizá S. José?). Nos ayudó a hacernos idea más exacta de las costumbres y enterramientos de la época.

2.-        Bien temprano antes de irnos de Nazaret, con voz entrecortada a veces, pudimos celebrar allí la Misa, renovando con María nuestro “sí” a Dios, que pocas horas después repetiríamos en las orillas del río Jordán recordando nuestro Bautismo.
De camino hacia Belén, río Jordán, monte de las Tentaciones y Jericó.
Pero antes de seguir contándote… recalcar que, en cada sitio, cada uno de los 6 días, después de las magníficas explicaciones del guía (un cristiano palestino), nos recogíamos y escuchábamos con un silencio absorbente (muchas veces envuelto en nudo de garganta y lágrimas), uno o varios pasajes del Evangelio correspondientes a ese lugar exacto. Sólo a la vuelta, (el martes pasado que tocaba en la Misa Lc. 24), me he dado cuenta por qué “ardía nuestro corazón” y por qué, más que leer, “nos explicaba las Escrituras”: aunque no lo reconocieran nuestros ojos, ¡era Él en medio de nosotros! Presente también por los miles de detalles y atenciones de amor cristiano entre todos los del grupo (incluidos guía y chófer).

3.          En Belén, Basílica de la Natividad: lugar del nacimiento de Jesús y del sitio donde estaba el pesebre. “Adeste fideles” espontáneo (aunque fuera Jueves Santo por la mañana) y “Noche de
paz”, ambos con lágrimas de emoción, después de haber besado el lugar, marcado con una estrella de plata, y de haber proclamado los correspondientes textos sagrados.
Por la tarde, Monte de los Olivos (lugar de la Ascensión de Jesús al cielo, cueva donde enseñó el Padre nuestro, vista panorámica de la Ciudad Santa desde el lugar donde lloró al verla y… Huerto de los Olivos, en cuya Basílica -¡nada menos, y precisamente ese día!- tuvimos la Misa de Jueves Santo. Con una sorpresa para mí: me daba pena no haber estado en la anual Misa Crismal con mi obispo y todos los sacerdotes en la que renovamos las promesas sacerdotales; ¡pues el franciscano que presidía esa Misa para los de lengua española, nos las hizo renovar! Detalle de Amor del Señor.
            Y un rato después, ¡¡¡precisamente ahí!!!, Hora Santa, y luego la procesión por el torrente Cedrón (mismo
recorrido y hora, -misma luna llena-, que aquel primer Jueves Santo de la historia) hasta donde estuvo el palacio de Caifás. Sueño en los ojos y cansancio acumulado en los pies: fidelidad en el corazón; como Pedro, -a pesar del gallo-, recibiendo la mirada misericordiosa de Jesús. Varias veces esos días ganamos la indulgencia plenaria del Año extraordinario de la Misericordia.

4.         Quinto día. Traslado a Jerusalén. Viernes Santo: ¡¡precisamente allí!! Sin pretenderlo, entré en la ciudad por la “puerta de las ovejas” (al lado de la piscina de Betesda, donde Jesús curó al paralítico) con las focolarinas casadas recitando la consagración a J.A.: “Tengo un solo Esposo sobre la tierra, Jesús Crucificado y Abandonado: no tengo otro Dios fuera de Él. En Él está todo el Cielo con la Trinidad y toda la tierra con la Humanidad…Etc.”. Nos recorrió luego un escalofrío al ser conscientes de ello y comentarlo entre nosotros.
Via Crucis por la via Dolorosa. ¡Significativo por mil paradojas contrastantes!: por ello mismo, verdaderamente cada uno interiorizó de mil maneras ese camino, unido al Maestro.
Intento de visitar el Calvario y el Santo Sepulcro: imposible por tantos peregrinos. Amargura. Nuevo intento a la mañana siguiente: sólo el Calvario. Sábado tarde, última oportunidad: en el último instante, logró entrar nuestro grupo de 5 en 5, después de haber ido leyendo varios evangelios en referencia a todo ello en la larga espera. Emoción indescriptible. Luego, en un aparte, el Evangelio de la visita de
Pedro y Juan al sepulcro: “entró y… (creyó)”. No pude leerlo, pues me puse a llorar; cuando después de unos minutos parece que me volvía la voz, levanto la vista y… todo el grupo también estaba igual que yo. Otro par de minutillos. Y logré acabarlo.
“No está aquí, ha resucitado; venid a ver el lugar donde lo pusieron”. El sepulcro está vacío. Vive hoy. Con nosotros. En todo el mundo en cada Sagrario; y en cualquier lugar donde haya "dos o más unidos" en Su Nombre por el amor recíproco.
Esa era la sensación cuando, rato después, celebramos la Vigilia Pascual de nuevo con los de lengua española en la Basílica de Getsemaní. El decirnos “¡feliz Pascua!”, (aunque nos iba a quedar poco más de una hora para dormir, antes de dirigirnos al aeropuerto para regresar), no era retórico: era expresión de una semana que, verdaderamente, estaba siendo “Santa”.  
Mil cosas se quedan no en el tintero, sino en el corazón, en el alma. Dios las conoce. Pero para algún otro detalle, te invito a leer el artículo que el mensual ”Ciudad Nueva” está preparando para el próximo mes con nuestras vivencias.
Después, anteayer, he visitado una ciudad patrimonio de la humanidad con unos amigos. El "clima" de familia, igual lo que acabo de contarte. Pero... ¡qué vacío al visitar la ciudad!: las piedras (las casas señoriales y los palacios… monumentos…) eran eso, ¡solo piedras!, no "hablaban" como en Tierra Santa. Con lo cual he agradecido a Dios más aún la experiencia hecha la pasada semana, que continúa gracias a una preciosa comunión de vida y experiencias a través de WhatsApp y correo-e: "donde dos o más...", ¡¡también en la red!! ¡Feliz Pascua de nuevo y siempre!


Alguna de vuestras EXPERIENCIAS tratando de llevar a la práctica diaria la Palabra de vida de marzo («El Reino de Dios ha llegado a vosotros», Lc 11, 20), la de febrero («Como a un niño a quien su madre consuela, así os consolaré Yo», Is 66, 13) y la de enero («Llamados a anunciar las proezas del Señor”», cf. 1 2, 9):
1.-        “ayer apalabré el alquiler de nuestra casa para cuando nos vayamos...
Y ha sido bonito... Todo lo de encontrar casa nueva se lo encargué a la Virgen. Le dije que la buscara Ella y desde luego estoy sorprendida!! También le pedí que buscara inquilinos buenos para la de ahora. Un día se me pasó por la cabeza una vecina que tiene dos hijas casadas y las dos también viven en este edificio. No sabía si eran propietarias o estaban de alquiler pero pensé preguntarle por si le interesaba a alguna. No me encontraba con ninguna de ellas y tampoco sabía en qué piso vivían. Un día mientras aparcaba el coche le dije a la Virgen: "tienes que hacer que me encuentre con alguna". Y... salgo del coche y justo cuando voy hacia el ascensor me encuentro a una de ellas! Me dice que su hermana estaba de alquiler y justo a la vuelta del verano vendían el piso y se tenía que ir. Vino ayer con su marido y les encantó la casa. Ellos están ahora en otra más pequeña (también en este edificio). Así que... en cuanto nos vayamos se mudan aquí. Y también ayer tarde me llamaron para alquilar la plaza de garaje que tenía libre de la casa de enfrente. Todo ayer por la tarde!!
Así que Mami me resuelve todo...
Pero también está Jesús Abandonado...: ¡hay que seguir rezando por la empresa! De todas formas mi marido y yo hemos decidido que ante esta situación de incertidumbre, nuestra actitud será no de dar menos ayudas y donativos, ¡¡todo lo contrario!!: precisamente ahora nuestra "consigna" es dar más

2.-        “aunque aún quedan fuertes vientos que soportar, una vez más confirmo que luego de la tormenta viene la calma y que la fuerza para afrontar los tiempos malos sólo depende de la sólida relación que tenemos con Dios, del amor y la actitud con el que se ven y hacen las cosas.
Definitivamente necesito fortalecer mi fe en Dios y mi amor por los demás; aún soy de papel para ciertas cosas, en especial si el daño viene de mis seres queridos.
Soy una persona con muchos errores… sólo tengo intenciones de transmitir que se puede estar mejor, pero lo hago mal. Tengo mucho que corregir en mi persona, desde aquellas virtudes como la paciencia, tolerancia, comprensión y saber perdonar (incluso a mí misma).
Te llamé aquel día luego de sentirme enormemente confundida y, aunque parezca exagerado, sentía muchas ganas de desaparecer: había decepcionado a mis hermanos con lo que dije y por cómo lo dije, (y posiblemente a mi madre también, aunque me dé la razón). Antes de llamarte, pensé en muchas personas, amigos y familiares, pero estaba segura que tu consejo me iba a transmitir lo que Dios esperaba que yo hiciera en esos momentos y cómo debía “romper el hielo” y seguir: siempre ha sido muy acertado. Gracias por tu apertura, por dejar tus ocupaciones en “ese momento”, por tu tiempo, por tu escucha, por tus palabras llenas del amor de Dios, y por hacerme sentir que valgo y que puedo hacer mejor las cosas.
Ahora estamos de regreso ya por aquí, pensando que Dios sabe por qué hace las cosas, que me ha dado otras funciones en mi vida (ocuparme por la salud de mi esposo y el bienestar de mi hijito). Haré lo posible por dejar que mis hermanos resuelvan sus problemas, pero estaré allí cuando me necesiten y no dejaré de cuidar a mis padres desde aquí o donde esté y como me sea posible...
Agradezco a Dios que haya puesto en mi camino a un gran amigo

3.-        “ayer también hubo otro rostro de Jesús Abandonado. Tuvimos que despedir a la persona que cuidaba a mi suegra. Se había llevado dinero y algunas joyas... Un mal trago!! Nosotros le dimos todo lo que le correspondía de sueldo, vacaciones, más días de sueldo para que buscara trabajo... Por supuesto no ha devuelto nada y no se la acusó ni se la hizo pasar ningún mal momento, (el Señor la juzgará, no nosotros). Aun así, le dijo a mi marido que había entrado a trabajar un tiempo antes (él no recordaba la fecha exacta) y le sacó algo más de dinero... En fin

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